que es orar en el nombre de Jesus

Cita bíblica: Jn 14: 13-14
Y todo lo que pidieres al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el hijo, si algo pidieres en mi nombre, yo lo haré.

Entre más importante es una verdad bíblica, más constante y firme es el ataque de Satanás contra ella. El sabe que si logra distorsionar la comprensión de esa verdad, entonces dejará de ser efectiva en la vida del creyente. Un mal entendimiento de las verdades bíblicas, llevará inevitablemente a una aplicación errónea; derivando en resultados adversos y dañinos para la salud espiritual del creyente.

Con el paso de los años las grandes verdades bíblicas, como por ejemplo: la justificación por la fe sola, el arrepentimiento bíblico, la regeneración, la santificación progresiva, la deidad de Cristo, el carácter sustitutorio de su muerte y muchísimas más; están siendo, cada vez más, distorsionadas por personas que abiertamente dicen ser parte del cristianismo bíblico. Aunque muchos no lo hacen intencionalmente es triste y doloroso ver la ignorancia que publican cuando abren su boca para argumentar; apoyándose en: “la biblia dice”, haciendo daño al testimonio del verdadero evangelio. Por el otro lado, están aquellos que de forma muy sutil usan el manto de su profesión de fe para esconder su hipocresía y manipulación.

A los que amamos la palabra de Dios, que sentimos pasión por la teología ─ no uso la palabra en su sentido plenamente técnico; como disciplina académica, sino en su sentido básico: el estudio del ser de Dios y sus obras ─, nos resulta sumo doloroso observar el estado actual de la iglesia.

En este artículo vamos a tratar de entender lo que Jesús enseño cuando dijo: “si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré”. Y básicamente estaremos tratando dos puntos, en primer lugar veremos: lo que no significa, y en segundo lugar veremos: lo que si significa.

Lo que no significa

Muchos ven la oración, simplemente, como un instrumento que podemos utilizar para enterar a Dios de nuestros problemas: estos cristianos reducen la oración a un simple accesorio que podemos usar para lograr que Dios nos de las cosas que deseamos.

Cuando Jesús expresó: “si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré”, no estaba estableciendo una especie de fórmula mágica para la práctica de la oración. La mayoría ha llegado a entender esto ─ consciente o inconscientemente ─, como el mandato de agregar la expresión “en el nombre de Jesús” a cada oración. Los que así piensan, creen, que lo que está siendo enseñado aquí es: que debemos agregar dicha expresión al final de cada una de nuestras oraciones y entonces, esto las hará correctas delante de Dios. Pero Jesús no estaba tratando de establecer simplemente una “sintaxis” correcta en nuestras oraciones, Jesús está hablando aquí del tipo de oración que es aceptada por Dios y no es algo que dependa de la sintaxis, la gramática, la facilidad de expresión, y ese tipo de cosas que tanto nos llaman la atención y que nos llevan con mucha frecuencia a emitir valoraciones desacertadas acerca de la veracidad de las apariencias.

Lo que si significa orar en el nombre de Jesús

Entonces, ¿qué significa orar “en el nombre de Jesús”? Significa dos cosas. En primer lugar: es la oración que se hace con la aprobación y autorización de Jesús. Y en segundo lugar: es la oración que concuerda con su carácter, y ambas son caras de la misma moneda.

En primer lugar, hacer algo “en el nombre de alguien”, significa, que esa persona nos ha autorizado a hacerlo en base a su autoridad. Cuando Pedro le ordenó al cojo: “en el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y anda!” (Hch 3:6), estaba hablando en la autoridad de Jesús, y no en la suya propia. Cuando los miembros del sanedrín preguntaron: “¿en qué nombre habéis hecho vosotros esto?” (Hch 4:7), estaban preguntando: “¿Por autoridad de quién hicieron esto?”. Otro ejemplo lo tenemos cuando Pablo expulsa el espíritu de adivinación de la muchacha en Hch 16:18. En estos dos ejemplos, la oración es respondida porque fueron hechas en la autoridad real de Jesús. No fue porque dijeron “en el nombre de Jesús”, como si fuera un conjuro mágico que pronunciado correctamente le imprime poder a la oración, como ya dije, no se trata de sintaxis, gramática, expresión correcta, se trata: de una autorización real de Dios.

Esa es la razón por lo cual muchas de las oraciones, en los espectáculos religiosos del día, no son contestadas: porque no tienen la aprobación ni la autoridad de Dios, sino que son el resultado de la presunción de muchos. Hoy tenemos muchos movimientos en el mundo evangélico con una teología de un milímetro de largo por un milímetro de ancho. Sus miembros siempre están: proclamando, declarando, cancelando, atando, desatando, reprendiendo, liberando, estableciendo, visualizando, etc., etc., etc., ─ no estoy diciendo que el uso de estas palabras es un error en sí mismo. Lo triste es que cuando analizamos toda esta fraseología ─ muy popular hoy día ─ nos damos cuenta en la gran mayoría de los casos, que debajo se esconde una teología estéril, muerta; una teología que no conoce a Dios. Vemos personas ser declaradas sanas; cuando no lo están, profecías que nunca se cumplen, profecías que van contra la propia biblia, y cuanto disparate podamos imaginar. Estoy seguro que no faltara alguien que pregunte: ¿Está usted, hermano Andrés, diciendo que está mal orar por sanidad, reprender demonios o que no hay profecías verdaderas hoy? ¡Claro que no! Nuestro Dios sana, liberta, suple nuestras necesidades, puede comunicarse mediante profetas en determinado momento, etc., y por lo tanto debemos orar por estas cosas. Pero Él responderá conforme a Su voluntad, no conforme al capricho ni a la presunción de nadie. Debemos orar por todas estas cosas, pero debemos ser humildes, someternos a su voluntad y esperar que Él responda a Su tiempo.

En segundo lugar, podemos decir que en un sentido más completo el “nombre” de una persona en los tiempos bíblicos representaba a la persona misma y, por lo tanto, todo su carácter. Esto puede resultar un poco confuso para nosotros debido a que en nuestra sociedad los nombres no son más que meras etiquetas que sirven para identificar a una persona y punto. Tener un “buen nombre” (Pr 22:1; Ec 7:1), era tener una buena reputación. Por tanto, el nombre de Jesús representa todo lo que Él es, su carácter total. Esto significa que orar “en el nombre de Jesús” no es solo orar en su autoridad, sino también orar de una manera que concuerde con su carácter, que verdaderamente le representa y refleja su manera de vivir y su voluntad santa: ¿quiere decir esto que está mal añadir “en el nombre de Jesús” al final de nuestras oraciones? Ciertamente no está mal, siempre y cuando entendamos lo que eso significa y que no es obligatorio hacerlo. Repetimos: no es cuestión de añadir o no una frase al final de la oración, pero puede haber peligro si añadimos esta expresión a todas nuestras oraciones sin un entendimiento correcto de lo que significa. Podemos caer en un ritualismo vacío y superficial en nuestras oraciones.

Un pasaje que enseña esta verdad de forma clara es el Sal 37:4 “Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón.”. Durante años he escuchado a muchos cristianos citar este pasaje mostrando un entendimiento erróneo del mismo. Muchos entienden que este pasaje enseña: que si estamos bien ocupados en las cosas del Señor, si participamos en los programas y si hacemos un montón de cosas, entonces, Dios va a responder las peticiones de nuestro corazón. Midiendo así, la profundidad de su relación con Dios en términos de actividad y no teológicos. Pero este texto correctamente interpretado nos enseña que el que se deleita en Dios es aquel que confía en Él y está siendo apacentado por Su verdad ─ ver el contexto ─, entonces, este deleitarse es el resultado de un conocimiento verdadero de Dios ─ teología profunda ─, que se traduce en una vida que confía y espera en Él. Cuando esto es una realidad en la vida del los creyente, sus deseos y anhelos están en completa armonía con los deseos y anhelos de Dios. Él pone sus deseos y anhelos en nuestros corazones y cuando nuestra boca se abre, son expresados y Dios se complace. Esto es contrario a lo que generalmente pasa en los shows evangélicos: cuando las bocas se abren son expresados deseos y anhelos que son el resultado de la mundanalidad que habita en los corazones.

Me gustaría terminar con la siguiente definición de oración:

“Es la apelación de una criatura dependiente; el gemido de un pecador culpable; la adoración articulada de un alma inteligente”
Benjamín Palmer

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Andrés J. Quesada Cedeño

About Andrés J. Quesada Cedeño

Miembro de la Iglesia Cristiana Pentecostal de Guisa, es un arduo estudioso de las escrituras y amante de la teología. Está casado y tiene un lindo bebe.

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